La pandemia por COVID-19 puso en evidencia a nivel mundial, nacional y en la Ciudad de México muchos de los factores estructurales de una sociedad desigual que por décadas no garantizó los mismos derechos para todas las personas y por ende no ofrece alternativas y oportunidades de vida iguales para ellas. Por eso la respuesta del Gobierno de la Ciudad de México estuvo y seguirá estando en la innovación y los derechos. Innovar para pensar en soluciones a problemas a los que nunca antes nos habíamos enfrentado y que las condiciones propias de la Ciudad de México amenazaban con tornar en más graves. Garantizar igualdad y acceso a derechos, en esta crisis ello implicó un balance entre el derecho al bienestar de las personas y sus familias y por supuesto el derecho a la salud.
El derecho a la salud y su protección forma parte del conjunto de derechos fundamentales amparados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Constitución de la Ciudad de México, en Leyes federales y locales, así como en Tratados Internacionales. La salud, concebida como una meta capacidad humana -y no solo como ausencia de enfermedad- requiere considerar dos campos de la política pública: acciones intersectoriales que incidan sobre los determinantes sociales y la prestación de servicios médico-sanitarios universales de calidad a toda la población.
Dos situaciones estructurales tornan compleja la satisfacción del derecho a la salud en la ciudad. La primera porque se trata de una concentración urbana heterogénea, con profundas desigualdades socio-territoriales, culturales y económicas, además de elevados porcentajes de población en condiciones de pobreza o vulnerabilidad. La segunda es la fragilidad del sistema de salud público, que expresa años de desinversión y desmantelamiento selectivo de la infraestructura para la atención médico-sanitaria, así como precarización de sus trabajadores, aspectos que significaron retos severos sobre la disponibilidad, acceso, aceptabilidad y calidad de los servicios, los cuales tuvieron que ser solventados.
Para contender con estas situaciones y avanzar en la garantía del derecho a la salud y su protección, implementamos desde el principio de la administración el modelo Salud en tu Vida. Nuestro objetivo es fomentar las medidas de promoción de la salud, prevenir la enfermedad, detectar de manera oportuna los riesgos y proporcionar atención, rehabilitación y cuidados paliativos a todas las personas y comunidades. Para lograr que las personas reciban atención a la salud durante las diversas fases del curso de vida se han definido dos estrategias: acciones territoriales y el establecimiento de una red integrada e integral de servicios de salud. En consecuencia, como primeras acciones, iniciamos la estabilización de los servicios, frenando el deterioro, con un programa de inversión y renovación de equipo, la recuperación y ordenamiento gradual de las plantillas de trabajadores y la mejoría de la contratación de personal médico y de enfermería.
Con la aparición de virus SARS-CoV-2 se nos presentaron nuevos retos. Desde el inicio, las condiciones de la ciudad hacían propicia que fuera el espacio territorial de mayor concentración de casos, contagios y demanda de atención hospitalaria. Fue necesario desarrollar una propuesta integral y anticipatoria para contender con la epidemia en una ciudad en la que habitan 9 millones de personas y transitan diariamente 5 millones más para desarrollar actividades de servicios, comerciales o recreativas. Ello implicaba también adoptar una perspectiva metropolitana, en una Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) en la que 22 millones de habitantes mantienen una interacción económica-social muy intensa.
La ZMVM magnifica la heterogeneidad urbana, las condiciones de pobreza, de vulnerabilidad y de polarización epidemiológica y sanitaria. Nos caracterizan condiciones de vida y salud muy desiguales, con prevalencias elevadas de enfermedades crónicas no transmisibles (ecnt). En particular la diabetes mellitus tipo 2 que afecta a 12.4 de cada 100 mayores de 20 años, la hipertensión arterial sistémica cuya prevalencia es de 20 por 100 mayores de 20 años y el sobrepeso y la obesidad que en conjunto se presentan en 75% de la población adulta (Ensanut, 2018).
La muy reciente estabilización de los servicios de salud y el perfil de morbilidad de la ciudad, que constituyen un desafío en sí mismos, se vieron magnificados por la asociación de las patologías prevalecientes a los cuadros graves y defunciones generadas por la COVID-19. Todavía más, el resguardo domiciliario generalizado -recomendable para la prevención y control de la pandemia- se enfrenta a los problemas que genera para la subsistencia de una población con una marcada heterogeneidad y polarización económica y social.
En este contexto, el 31 de marzo se declaró la “emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor” como consecuencia de la evolución de casos confirmados y muertes por la enfermedad en el país, lo cual dio lugar a la ejecución de acciones para la prevención y control.
Tras el brote de la enfermedad COVID-19 por el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) que se produjo en China, se ha registrado una rápida propagación a escala internacional, con un aumento exponencial del número de casos y muertes. El 30 de enero del 2020, la OMS declaró la emergencia de salud pública a nivel internacional.
Desde principios de enero de 2020, cuando se emitieron las primeras alertas epidemiológicas en el mundo, tanto el Gobierno Federal como el Gobierno de Ciudad de México, iniciaron el seguimiento y elaboraron las primeras propuestas de la respuesta integral a la pandemia. Tempranamente se consideraron tres fases y se definieron medidas de prevención y control de la transmisión de la enfermedad para cada etapa. Desde luego, se reconoció a la Ciudad de México como una zona de alto riesgo epidémico en el país, tanto por la densidad poblacional como por su polarización socioeconómica y su movilidad local, nacional e internacional.
La inevitable aparición del virus en el Continente Americano se confirmó en Estados Unidos el 20 de enero, Brasil notificó el primer caso en América Latina y el Caribe el 26 de febrero y el primer caso en México se confirmó el 27 de febrero. Con la ratificación de la aparición de la enfermedad, se iniciaron los protocolos correspondientes a cada una de las fases, descritas a continuación.
En esta fase los casos detectados son menos de 100. Es posible, además, la completa identificación de la persona de quien proviene el contagio, ya sea porque se reconoce el inicio de su infección en el exterior o por el inicio de la transmisión a partir de la vinculación con personas que han regresado de un viaje en el extranjero.
En el plano nacional, en esta fase se estableció como medida de contención de la pandemia, el estudio de contactos de las personas infectadas. Las medidas preventivas consistieron, básicamente, en campañas de difusión a la población en general sobre las precauciones higiénicas para disminuir los contagios. Las recomendaciones se centran en:
En el caso de las personas contagiadas se dispuso el resguardo domiciliario de la persona contagiada y de las personas con interacción estrecha hasta su descarte como casos sospechosos de infección. Asimismo, se fortaleció la Unidad de Sanidad Internacional en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
La segunda fase se caracteriza por la proliferación de casos, contados a partir de cientos, y la dificultad creciente para determinar el origen del contagio. Como parte de la estrategia del Gobierno de México el modelo de vigilancia epidemiológica “Centinela” que funciona en el país desde 2006 para la observación y control de enfermedades respiratorias -fundamentalmente la influenza estacional- fue habilitado para la supervisión de la propagación de la enfermedad.
Entre las medidas de prevención, adicional al cambio en los hábitos de higiene señalados -que se establece deberán ser permanentes aun al término de la pandemia-, en el nivel nacional se realizó una campaña específica para la protección de las personas más vulnerables a la enfermedad (mujeres embarazadas, personas con hipertensión, diabetes o problemas de sobrepeso y obesidad) y se decretó la Jornada Nacional de Sana Distancia, que inició el 23 de marzo.
En particular, la Jornada Nacional de Sana Distancia consistió en la cancelación de las actividades que propician la movilización y concentración de las personas. En consecuencia, se suspendieron las actividades escolares en todos los niveles, las actividades económicas catalogadas como “no esenciales” y los eventos masivos que involucran la concentración de 50 o más personas. Se conminó, además, a la población a permanecer en aislamiento voluntario, siempre que fuese posible, para evitar la propagación del virus.
En esta fase, los casos se cuentan por miles y hay brotes regionales, extendidos en todo el territorio nacional. Durante la etapa de contagio epidémico continúan todas las medidas establecidas para las anteriores fases -tanto en hábitos de higiene, protección de personas vulnerables, estudio de contactos y aplicación del modelo de vigilancia epidemiológica “Centinela”- y se agrega el seguimiento puntual de la disponibilidad hospitalaria, con el fin de realizar las ampliaciones necesarias para que este servicio no sea sobrepasado por la extensión de la epidemia.
El Gobierno de la Ciudad de México publicó el 31 de marzo, en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México, el “Aviso por el que se da a conocer la Declaratoria de Emergencia Sanitaria por causa de fuerza mayor del Consejo de Salud de la Ciudad de México, en concordancia con la emergencia sanitaria declarada por el Consejo de Salubridad General, para controlar, mitigar y evitar la propagación del Covid-19”. En el artículo cuarto se establece que serán asumidas las acciones delineadas en la Declaratoria de Emergencia Nacional del Consejo de Salubridad General del Gobierno de México.
A partir de ello, se delineó una estrategia de atención basada en cinco grandes ejes:
El nuevo coronavirus y la enfermedad de COVID-19 sorprendió a la comunidad científica internacional. Ello implicó ir descubriendo poco a poco nuevos conocimientos sobre sus formas de transmisión y tratamiento. La respuesta del Gobierno de la Ciudad estuvo siempre sustentada en el conocimiento científico y en la toma de decisiones basada en datos y evidencia. La principal herramienta para esta toma de decisiones fue el Modelo Epidemiológico, mismo que permitió proyectar los posibles escenarios de propagación del virus en la Ciudad. La información obtenida mediante el Modelo hizo posible una estimación precisa de la capacidad hospitalaria que sería necesaria para brindar atención oportuna a los casos que requirieran cuidados especializados. Con base en dichos datos, se emprendieron acciones tempranas para el equipamiento e instalación de extensiones hospitalarias provisionales y permitió contar con un indicador para el monitoreo diario de la evolución de la pandemia.
El Gobierno de la Ciudad de México apostó fuertemente por la innovación para tener un contacto directo con la población. El sistema SMS ligado a Locatel para la identificación temprana de casos mediante el tamizaje automatizado fue lanzado el 17 de marzo, con el afán de proveer información y ubicar a las personas que pudieran estar infectadas de la manera más oportuna posible y dar seguimiento a los casos de manera personalizada. El sistema después se transformó en un mecanismo de canalización y atención de casos hospitalarios cuando los momentos de la emergencia así lo ameritaron. Más allá de las tecnología, innovamos en políticas públicas que fueron haciendo frente a las necesidades y a problemas específicos en el sistema de salud y en las zonas más afectadas de la Ciudad.
Toda la estrategia implicó un esfuerzo importante de coordinación gubernamental a distintos niveles y entre diferentes instituciones. Garantizar el derecho a la salud no hubiera sido posible sin la coordinación de todas las instituciones de Salud del Gobierno de México, del Estado de México y la Ciudad de México. En los hechos y como primera vez en la historia del país, la Secretaría de Salud del Gobierno de México, la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE), el IMSS, el ISSTE, los hospitales de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina y PEMEX, así como las Secretarías de Salud de la Ciudad de México y el Estado de México operaron como un sólo sistema de salud. Eso tuvo como resultado el que siempre hubiera una cama de hospital disponible para quien lo necesitara.
El trabajo territorial ha sido un elemento clave para la contención de casos y para prevenir el desbordamiento del sistema hospitalario. Mediante la entrega de kits médicos, apoyos alimentarios y económicos y su posterior fortalecimiento en el Programa de Hogares Responsables y Protegidos, se ha evitado que personas potencialmente enfermas salgan de casa, así como sus familiares. Este modelo de apoyo es único en el mundo. Lo anterior, aunado a las visitas informativas casa por casa y la intervención integral en las colonias, pueblos y barrios de atención prioritaria la cual implicó la aplicación intensiva de pruebas a quienes han estado en contacto con un caso confirmado, han contribuido a incrementar el número de personas atendidas y han reforzado los mensajes de prevención que se han dado a conocer mediante campañas en medios tradicionales y digitales. Las capacidades instaladas con las que ya contaba el Gobierno de la Ciudad facilitaron la rápida implementación de este modelo integral de ayuda y la coordinación entre los distintos entes de Gobierno a cargo del mismo.
La reactivación económica gracias al Plan Gradual hacia la Nueva Normalidad se ha llevado a cabo de manera cautelosa y segura siempre con base en la información sobre el progreso por medio del monitoreo de distintos indicadores. Además, ha estado acompañada por el énfasis constante en las medidas de prevención y cuidado y con estrictas medidas sanitarias para las actividades que se reactivaron. Eso ha implicado que a diferencia de otras ciudades del mundo, hasta el momento no se haya presentado un caso de rebrote importante y que a pesar de haber retomado actividades se siga observando una tendencia a la baja en todos los indicadores: porcentaje de ocupación hospitalaria, llamadas a 911, índices de mortalidad así como en el porcentaje de positividad de pruebas.
El Gobierno de la Ciudad de México en contraste con otras ciudades del país y del mundo, apostó por un esquema democrático, apelando a la libertad y la responsabilidad de las personas. No se impusieron toques de queda, multas ni otras penalizaciones para quienes no siguieran las medidas de prevención en espacios públicos. Por el contrario, se hizo un llamado constante a la solidaridad y a la corresponsabilidad que implica la convivencia en una ciudad tan densamente poblada como la nuestra. Ciudadanía y gobierno hemos sido muy responsables y lo seguiremos siendo para que juntos salgamos adelante.